miércoles, 21 de abril de 2010

ICSTAY

Llevábamos día con ese estúpido juego de provocarnos mutuamente hasta acabar calientes, pero siempre uno de los paraba, dejando al otro con ganas de más. El juego empezaba ya a ser demasiado, incluso creyó ver cumplida sus ganas de un trío, mas obviamente no era el adecuado, pero aquello hizo que la exitación aumentara hasta el punto de doler.
Y cuando ya creía que no le vería aquel día, apareció cuando recogía mis cosas para irme.

- Quédate, al menos un rato, por favor. No dejo de pensar en ti.

Cómo iba a negarme con algo así? Pero sabía que si tonteábamos y luego me iba, acabaría sin poder dormir, empezaba a estar tensa y se me ocurrían apetecibles formas de relajarme...
Intenté apartar esas ideas de mi cabeza o acabaría mal, pero él tenía unas parecidas en su mente, porque cada comentario contenía chispas de provocación, cada caricia invitaba a dejarse llevar y saciar al fin aquella ansia del otro.
Sus manos recorrieron mi tripa mientras su lengua hacía lo propio con mi cuello, y mi cuerpo era invadido por pequeñas descargas de placer. Cuando introdujo su mano por dentro de mis pantalones, no pude más.
Tiré de él hasta pegarlo a la pared, buscando su lengua con la mía mientras acariciaba su espalda.
Me levantó, cogiéndome con fuerza, enrosqué mis piernas alrededor de su cintura y dejé que me condujera a su coche. Ni siquiera llegamos a entrar, no habríamos aguantado hasta llegar a su casa. El lugar donde se encontraba estaba desierto, aunque en ese momento nos importaba una mierda si podía pasar alguien. Nos desnudamos con prisa entre besos fieros y caricias que quemaban, y el capó del coche fue mucho mejor que un colchón.
Besaba mi cuello, lamía mis pechos o me susurraba al oído, no palabras de amor, sino palabras que solo conseguían exitarme más aún; ahogaba mis gemidos en besos húmedos y sabía como aumentar el placer cambiando de ritmo, unas veces mas despacio, pausado, tan solo para luego incrementar el ritmo hasta ser suaves embestidas que hacían que un torrente de placer me recorriera de arriba a abajo.
Los últimos instantes se acerca, puedo notar como siento como si fuera a abandonar mi cuerpo y fuera a caer en un sueño profundo, pero no quiero parar, no quiero que acabe. Giro y es él quien está ahora tumbado en el capó, y yo encima, dominando el ritmo ahora. Lento, más rápido...más rápido, mucho más rápido. Cabalgo sobre un semental que sabe ganar carreras, una fuente de placer que tras este tiempo de recarga, ahora disfruto con total plenitud. Llegamos al punto más alto a la vez, nuestros gemidos rivalizan por ver cuál es más placentero, y caigo exhausta sobre su robusto pecho. Tomamos aliento unos minutos, en silencio. Luego nos miramos a los ojos, nos vestimos y entramos en el coche.
-Te llevo a casa
-De acuerdo

El trayecto no es muy largo, pero lo recorremos en silencio. Miro distraída por la ventana, cuando el coche se para reparo en que no es mi casa.

- Es tu casa.
- Duerme esta noche conmigo.- me mira fijamente a los ojos.
- No creo que...

He acabado rodeada por sus brazos, en su cama, notando su respiración acompasada en mi cuello. Imposible no dormir.
Dulces y húmedos sueños. Por la mañana no estaré aquí.

No hay comentarios: