domingo, 25 de abril de 2010
viernes, 23 de abril de 2010
Guilty pleasure
Hace apenas un rato que ha acabado todo. Pero empezó horas atrás.
Tan solo lo conocía desde hace un día, pero había ido a saco. Hablamos ese día, con frases llenas de insinuaciones, y hoy, con incluso pequeñas acciones. Sabía de sobra la verdad que ocultaba pero...era un juego, no? Decidí que le seguiría el juego al ILLO (xD) hasta que saliera a la luz. Cuando ya no sabía con qué tendría que vacilarle, no hizo falta que me preocupara más por eso, pues se despidió deseándome buenas noches, pues al día siguiente madrugaba, así que tendría que descansar. Le deseé yo también buenas noches, preguntándome si al día siguiente se cansaría y lo reconocería, y me dispuse a seguir en un lado tranquilo de la fiesta...
...y entonces lo ví.
Era la última persona a la que esperaba ver aquella noche, hacía tiempo que ya no esperaba verle. Reprimí sin esfuerzo mis impulsos de abrazarlo, o de soltarle una hostia, y me acerqué a él.
- Estoy viendo visiones? No me creo que estés TÚ aquí.
Él se rió y me dio la razón, reconoció que ya no se pasaba por allí. Eso era algo que, a veces, si pensaba mucho en ello, echaba en falta.
Nos sentamos en un lugar apartado, tranquilo, alejado del bullicio del resto de la gente, para hablar. Nos pusimos al día de nuestras vidas con breves explicaciones, y luego hablamos de música. Me hablaba de grupos, de alguna canción en concreto...ésa era una de las partes que quizá echaba de menos en los días normales en los que pensaba en la gente que ya apenas veía.
- y este grupo, personalmente, y perdona la expresión, me la pone dura.
Cogí los cascos de su reproductor y escuché la canción con los ojos cerrados. Al terminar, me miraba esperando mi opinión.
- A ti te la pone dura y yo me corro, todos contentos.
No sé cómo la conversación cambió de rumbo hasta desembocar en todo aquello, pero mientras me provocaba con aquellas frases sin dejar de mirarme fimente, lo cierto es que me estaba poniendo cada vez más y más cachonda. Necesitaba que parara o no podría aguantar aquella noche, así que se lo hice saber.
- Estupendo, porque tengo ganas de ti. Esta noche te haría detodo.
Una conversación cada vez más caliente y unas bragas cada vez más húmedas, intenté recordar que lo conocía desde hace tiempo y que sabía lo mal que podía acabar, pero estaba demasiado cachonda como para irme sin más a casa. Antes de que él llegara, necesitaba un polvo, pero ahora...necesitaba sexo salvaje.
Abandonamos el lugar y acabamos en una habitación, con mi cuello envuelto en pequeñas descargas de placer producidas por sus labios y su lengua. La ropa no tardó en caer al suelo o ser arrojada unos metros más allá, su lengua jugaba con mis pezones mientras mi mano hacía lo propio con su miembro. Miles de caricias y palabras exitantes, algo extraño nos embargaba, una adictiva atracción y muchas ganas contenidas.
Jugué con mi lengua en su miembro, deleitándome con su cara y sus suspiros de placer cuando la introduje en mi boca, incrementando y descendiendo el ritmo paulatinamente para aumentar el placer.
- No aguanto más, necesito hacerte el amor.
- No, tal y como me has puesto esta noche, de hacer el amor nada -me dirigí a su oreja para susurrarle- quiero que me folles salvajemente, como un animal.
- Estaba deseando que dijeras eso.
Me penetró de un golpe seco, que descargó instantáneamente una corriente de placer por todo mi cuerpo. Sus golpes eran directos, salvajes, cosa que conseguía exitarme muchísimo más aquella noche. Mientras nos decíamos cosas exitantes al oído, nuestro ritmo aumentaba hasta casi rozar lo frenético. Dejaba salir mis gemidos con los suyo, o los ahogaba en su boca, en su cuello, en su oido
- por detrás, hazlo.
Me miró completamente exitado mientras decía "Estaba deseando hacerlo" y, tras colocarme debidamente y apoyar mi cabeza en el colchón, jugueteó con su punta pegado a mi, antes de agarrarme por las caderas e introducirla, moviéndose lentamente y aumentando el ritmo paulatinamente. Ahogué mis gemidos mordiendo la sábana, abrumada por el placer, pensando en el tiempo que había estado deseando una noche así. Apreté aún más la mandíbula cuando noté sus manos acariciando mi pecho, pero cuando sus dedos llegaron al botón del placer, ladeé la cara dejando que salieran todos los gemidos contenidos.
Se inclinó hasta mi oído, y tras unos besos en el cuello, me susurró. "Estoy apunto de acabar, ya sabes donde me apetece". Salió de mi y giré para estar de cara a su miembro, que masajeaba con su mano rápidamente. Rocé con mi lengua su punta, esperando el final de aquella noche salvaje que me había dejado exausta.
Y ahora estoy en mi cama, sola y al límite de caer dormida. No puedo dejar de pensar en qué había ido mal anteriormente para que aquello acabara así. Tal vez el haber formalizado la relación hasta un punto muy serio, pensé. Sabía que no tenía que sentirme culpable porque fuera el ex de ella, compartíamos una conexión en nuestra vida y el reflejo, compartíamos aquel mágico espejo, que nos dejaba pasar a uno u otro lado, porque, al fin y al cabo, ellos habían acabado y ella no se enfadaba por las chicas que pasaban por la cama de él, pues decía que "ya no estamos juntos, que se folle a quien quiera", e incluso su siguiente novia y ella habían sido amigas. Cass era así.
Intenté dejar mi mente en blanco, pero solo podía pensar en la noche de sexo salvaje con Oli.
Tan solo lo conocía desde hace un día, pero había ido a saco. Hablamos ese día, con frases llenas de insinuaciones, y hoy, con incluso pequeñas acciones. Sabía de sobra la verdad que ocultaba pero...era un juego, no? Decidí que le seguiría el juego al ILLO (xD) hasta que saliera a la luz. Cuando ya no sabía con qué tendría que vacilarle, no hizo falta que me preocupara más por eso, pues se despidió deseándome buenas noches, pues al día siguiente madrugaba, así que tendría que descansar. Le deseé yo también buenas noches, preguntándome si al día siguiente se cansaría y lo reconocería, y me dispuse a seguir en un lado tranquilo de la fiesta...
...y entonces lo ví.
Era la última persona a la que esperaba ver aquella noche, hacía tiempo que ya no esperaba verle. Reprimí sin esfuerzo mis impulsos de abrazarlo, o de soltarle una hostia, y me acerqué a él.
- Estoy viendo visiones? No me creo que estés TÚ aquí.
Él se rió y me dio la razón, reconoció que ya no se pasaba por allí. Eso era algo que, a veces, si pensaba mucho en ello, echaba en falta.
Nos sentamos en un lugar apartado, tranquilo, alejado del bullicio del resto de la gente, para hablar. Nos pusimos al día de nuestras vidas con breves explicaciones, y luego hablamos de música. Me hablaba de grupos, de alguna canción en concreto...ésa era una de las partes que quizá echaba de menos en los días normales en los que pensaba en la gente que ya apenas veía.
- y este grupo, personalmente, y perdona la expresión, me la pone dura.
Cogí los cascos de su reproductor y escuché la canción con los ojos cerrados. Al terminar, me miraba esperando mi opinión.
- A ti te la pone dura y yo me corro, todos contentos.
No sé cómo la conversación cambió de rumbo hasta desembocar en todo aquello, pero mientras me provocaba con aquellas frases sin dejar de mirarme fimente, lo cierto es que me estaba poniendo cada vez más y más cachonda. Necesitaba que parara o no podría aguantar aquella noche, así que se lo hice saber.
- Estupendo, porque tengo ganas de ti. Esta noche te haría detodo.
Una conversación cada vez más caliente y unas bragas cada vez más húmedas, intenté recordar que lo conocía desde hace tiempo y que sabía lo mal que podía acabar, pero estaba demasiado cachonda como para irme sin más a casa. Antes de que él llegara, necesitaba un polvo, pero ahora...necesitaba sexo salvaje.
Abandonamos el lugar y acabamos en una habitación, con mi cuello envuelto en pequeñas descargas de placer producidas por sus labios y su lengua. La ropa no tardó en caer al suelo o ser arrojada unos metros más allá, su lengua jugaba con mis pezones mientras mi mano hacía lo propio con su miembro. Miles de caricias y palabras exitantes, algo extraño nos embargaba, una adictiva atracción y muchas ganas contenidas.
Jugué con mi lengua en su miembro, deleitándome con su cara y sus suspiros de placer cuando la introduje en mi boca, incrementando y descendiendo el ritmo paulatinamente para aumentar el placer.
- No aguanto más, necesito hacerte el amor.
- No, tal y como me has puesto esta noche, de hacer el amor nada -me dirigí a su oreja para susurrarle- quiero que me folles salvajemente, como un animal.
- Estaba deseando que dijeras eso.
Me penetró de un golpe seco, que descargó instantáneamente una corriente de placer por todo mi cuerpo. Sus golpes eran directos, salvajes, cosa que conseguía exitarme muchísimo más aquella noche. Mientras nos decíamos cosas exitantes al oído, nuestro ritmo aumentaba hasta casi rozar lo frenético. Dejaba salir mis gemidos con los suyo, o los ahogaba en su boca, en su cuello, en su oido
- por detrás, hazlo.
Me miró completamente exitado mientras decía "Estaba deseando hacerlo" y, tras colocarme debidamente y apoyar mi cabeza en el colchón, jugueteó con su punta pegado a mi, antes de agarrarme por las caderas e introducirla, moviéndose lentamente y aumentando el ritmo paulatinamente. Ahogué mis gemidos mordiendo la sábana, abrumada por el placer, pensando en el tiempo que había estado deseando una noche así. Apreté aún más la mandíbula cuando noté sus manos acariciando mi pecho, pero cuando sus dedos llegaron al botón del placer, ladeé la cara dejando que salieran todos los gemidos contenidos.
Se inclinó hasta mi oído, y tras unos besos en el cuello, me susurró. "Estoy apunto de acabar, ya sabes donde me apetece". Salió de mi y giré para estar de cara a su miembro, que masajeaba con su mano rápidamente. Rocé con mi lengua su punta, esperando el final de aquella noche salvaje que me había dejado exausta.
Y ahora estoy en mi cama, sola y al límite de caer dormida. No puedo dejar de pensar en qué había ido mal anteriormente para que aquello acabara así. Tal vez el haber formalizado la relación hasta un punto muy serio, pensé. Sabía que no tenía que sentirme culpable porque fuera el ex de ella, compartíamos una conexión en nuestra vida y el reflejo, compartíamos aquel mágico espejo, que nos dejaba pasar a uno u otro lado, porque, al fin y al cabo, ellos habían acabado y ella no se enfadaba por las chicas que pasaban por la cama de él, pues decía que "ya no estamos juntos, que se folle a quien quiera", e incluso su siguiente novia y ella habían sido amigas. Cass era así.
Intenté dejar mi mente en blanco, pero solo podía pensar en la noche de sexo salvaje con Oli.
miércoles, 21 de abril de 2010
ICSTAY
Llevábamos día con ese estúpido juego de provocarnos mutuamente hasta acabar calientes, pero siempre uno de los paraba, dejando al otro con ganas de más. El juego empezaba ya a ser demasiado, incluso creyó ver cumplida sus ganas de un trío, mas obviamente no era el adecuado, pero aquello hizo que la exitación aumentara hasta el punto de doler.
Y cuando ya creía que no le vería aquel día, apareció cuando recogía mis cosas para irme.
- Quédate, al menos un rato, por favor. No dejo de pensar en ti.
Cómo iba a negarme con algo así? Pero sabía que si tonteábamos y luego me iba, acabaría sin poder dormir, empezaba a estar tensa y se me ocurrían apetecibles formas de relajarme...
Intenté apartar esas ideas de mi cabeza o acabaría mal, pero él tenía unas parecidas en su mente, porque cada comentario contenía chispas de provocación, cada caricia invitaba a dejarse llevar y saciar al fin aquella ansia del otro.
Sus manos recorrieron mi tripa mientras su lengua hacía lo propio con mi cuello, y mi cuerpo era invadido por pequeñas descargas de placer. Cuando introdujo su mano por dentro de mis pantalones, no pude más.
Tiré de él hasta pegarlo a la pared, buscando su lengua con la mía mientras acariciaba su espalda.
Me levantó, cogiéndome con fuerza, enrosqué mis piernas alrededor de su cintura y dejé que me condujera a su coche. Ni siquiera llegamos a entrar, no habríamos aguantado hasta llegar a su casa. El lugar donde se encontraba estaba desierto, aunque en ese momento nos importaba una mierda si podía pasar alguien. Nos desnudamos con prisa entre besos fieros y caricias que quemaban, y el capó del coche fue mucho mejor que un colchón.
Besaba mi cuello, lamía mis pechos o me susurraba al oído, no palabras de amor, sino palabras que solo conseguían exitarme más aún; ahogaba mis gemidos en besos húmedos y sabía como aumentar el placer cambiando de ritmo, unas veces mas despacio, pausado, tan solo para luego incrementar el ritmo hasta ser suaves embestidas que hacían que un torrente de placer me recorriera de arriba a abajo.
Los últimos instantes se acerca, puedo notar como siento como si fuera a abandonar mi cuerpo y fuera a caer en un sueño profundo, pero no quiero parar, no quiero que acabe. Giro y es él quien está ahora tumbado en el capó, y yo encima, dominando el ritmo ahora. Lento, más rápido...más rápido, mucho más rápido. Cabalgo sobre un semental que sabe ganar carreras, una fuente de placer que tras este tiempo de recarga, ahora disfruto con total plenitud. Llegamos al punto más alto a la vez, nuestros gemidos rivalizan por ver cuál es más placentero, y caigo exhausta sobre su robusto pecho. Tomamos aliento unos minutos, en silencio. Luego nos miramos a los ojos, nos vestimos y entramos en el coche.
-Te llevo a casa
-De acuerdo
El trayecto no es muy largo, pero lo recorremos en silencio. Miro distraída por la ventana, cuando el coche se para reparo en que no es mi casa.
- Es tu casa.
- Duerme esta noche conmigo.- me mira fijamente a los ojos.
- No creo que...
He acabado rodeada por sus brazos, en su cama, notando su respiración acompasada en mi cuello. Imposible no dormir.
Dulces y húmedos sueños. Por la mañana no estaré aquí.
Y cuando ya creía que no le vería aquel día, apareció cuando recogía mis cosas para irme.
- Quédate, al menos un rato, por favor. No dejo de pensar en ti.
Cómo iba a negarme con algo así? Pero sabía que si tonteábamos y luego me iba, acabaría sin poder dormir, empezaba a estar tensa y se me ocurrían apetecibles formas de relajarme...
Intenté apartar esas ideas de mi cabeza o acabaría mal, pero él tenía unas parecidas en su mente, porque cada comentario contenía chispas de provocación, cada caricia invitaba a dejarse llevar y saciar al fin aquella ansia del otro.
Sus manos recorrieron mi tripa mientras su lengua hacía lo propio con mi cuello, y mi cuerpo era invadido por pequeñas descargas de placer. Cuando introdujo su mano por dentro de mis pantalones, no pude más.
Tiré de él hasta pegarlo a la pared, buscando su lengua con la mía mientras acariciaba su espalda.
Me levantó, cogiéndome con fuerza, enrosqué mis piernas alrededor de su cintura y dejé que me condujera a su coche. Ni siquiera llegamos a entrar, no habríamos aguantado hasta llegar a su casa. El lugar donde se encontraba estaba desierto, aunque en ese momento nos importaba una mierda si podía pasar alguien. Nos desnudamos con prisa entre besos fieros y caricias que quemaban, y el capó del coche fue mucho mejor que un colchón.
Besaba mi cuello, lamía mis pechos o me susurraba al oído, no palabras de amor, sino palabras que solo conseguían exitarme más aún; ahogaba mis gemidos en besos húmedos y sabía como aumentar el placer cambiando de ritmo, unas veces mas despacio, pausado, tan solo para luego incrementar el ritmo hasta ser suaves embestidas que hacían que un torrente de placer me recorriera de arriba a abajo.
Los últimos instantes se acerca, puedo notar como siento como si fuera a abandonar mi cuerpo y fuera a caer en un sueño profundo, pero no quiero parar, no quiero que acabe. Giro y es él quien está ahora tumbado en el capó, y yo encima, dominando el ritmo ahora. Lento, más rápido...más rápido, mucho más rápido. Cabalgo sobre un semental que sabe ganar carreras, una fuente de placer que tras este tiempo de recarga, ahora disfruto con total plenitud. Llegamos al punto más alto a la vez, nuestros gemidos rivalizan por ver cuál es más placentero, y caigo exhausta sobre su robusto pecho. Tomamos aliento unos minutos, en silencio. Luego nos miramos a los ojos, nos vestimos y entramos en el coche.
-Te llevo a casa
-De acuerdo
El trayecto no es muy largo, pero lo recorremos en silencio. Miro distraída por la ventana, cuando el coche se para reparo en que no es mi casa.
- Es tu casa.
- Duerme esta noche conmigo.- me mira fijamente a los ojos.
- No creo que...
He acabado rodeada por sus brazos, en su cama, notando su respiración acompasada en mi cuello. Imposible no dormir.
Dulces y húmedos sueños. Por la mañana no estaré aquí.
miércoles, 7 de abril de 2010
martes, 6 de abril de 2010
Si hay algo que me duele, es perder a alguien que me importa, sin poder hacer gran cosa por evitarlo.
Preocuparme por alguien que no me necesita, o que no se da ni cuenta de mi ausencia cuando me marcho un tiempo porque algo no va bien, parece ser algo propio de imbéciles. Bueno, supongo que lo soy.
Pero ahora una niña, porque eso es lo que es, consigue que esa persona a la que al menos yo considero importante, se mosquee conmigo. Y cuando le digo que al menos me ha hablado más que las últimas semanas, se limita a decir "es cosa de dos". Me pregunto donde estaba la segunda cuando la saludaba y no obtenía respuesta, cuando mi comentario quedaba atrás camuflado entre otros que debían ser más interesantes. Esta segunda, parece no contar para confiar en ella, o al menos es como me hace sentir. Por eso decidí darle su espacio, aunque me sintiera como se sentía pensé que era lo que debía hacer, que si no hablaba sería por algo, le daría su espacio y ya me hablaría cuando quisiera. Y sin embargo parece que en eso también me equivoqué.
Lo peor es que no puedo decirle cómo me siento porque no lo entendería, no sabría de qué hablo porque ni siquiera se da cuenta de que me siento de esta forma, como si mi existencia en esto diera igual.
Y como no puedo decírselo pero necesitaba soltarlo de alguna manera, pues lo pongo aquí.
Preocuparme por alguien que no me necesita, o que no se da ni cuenta de mi ausencia cuando me marcho un tiempo porque algo no va bien, parece ser algo propio de imbéciles. Bueno, supongo que lo soy.
Pero ahora una niña, porque eso es lo que es, consigue que esa persona a la que al menos yo considero importante, se mosquee conmigo. Y cuando le digo que al menos me ha hablado más que las últimas semanas, se limita a decir "es cosa de dos". Me pregunto donde estaba la segunda cuando la saludaba y no obtenía respuesta, cuando mi comentario quedaba atrás camuflado entre otros que debían ser más interesantes. Esta segunda, parece no contar para confiar en ella, o al menos es como me hace sentir. Por eso decidí darle su espacio, aunque me sintiera como se sentía pensé que era lo que debía hacer, que si no hablaba sería por algo, le daría su espacio y ya me hablaría cuando quisiera. Y sin embargo parece que en eso también me equivoqué.
Lo peor es que no puedo decirle cómo me siento porque no lo entendería, no sabría de qué hablo porque ni siquiera se da cuenta de que me siento de esta forma, como si mi existencia en esto diera igual.
Y como no puedo decírselo pero necesitaba soltarlo de alguna manera, pues lo pongo aquí.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

