Me había quedado sola en aquella casa. Tex se había ido al más puro estilo Alex Supertramp, dejando atrás todo lo demás. Entendía por qué lo hacía porque sabía a la perfección cómo era, había estado cediendo un poco ante los demás, había traicionado aspectos de sí misma, y ya se había hartado. A veces era como un animal salvaje, pues era impulsiva, y prefería hacer caso a sus instintos. Y ahora había acabado en una jaula social. Ansiaba la libertad como el cóndor ansía surcar los cielos, como las gacelas correr por la sabana o, más aún, como el guepardo correr tras éstas a toda velocidad y saborear su pieza. No quería atarse a nada ni nadie, pues "eso nos hace débiles", pensaba. Siempre confió en su capacidad para reponerse de todo, y tal vez por eso pensaba que los demás, con el esfuerzo necesario, eran capaces de hacer lo mismo sin secuelas. Probablemente se equivoque. O tal vez no. Nunca lo sabremos.