Cogí precipitadamente mis cosas y me fui de aquel lugar. Tal vez no fue la mejor de las maneras, pues casi lo pago con alguien que solo se preocupaba por mi, pero en aquel momento me sentía demasiado dolida y muy estúpida, demasiado.
Aún me siento estúpida, de hecho. Pero no enfadada. O en todo caso conmigo misma, es culpa mía. No porque haya hecho algo mál o quiera autoinculparme para justificar los actos de los demás. No, yo no soy de esas.
Si alguien maltrata a otra o sufre celos, no es culpa de la otra persona, y si a alguien no le importo lo suficiente, no es culpa mía. La culpa mía es haber esperado importarle lo más mínimo a alguien por quien haría lo que estuviera en mi mano para verla bien, feliz, cuando en realidad no me necesita para nada.
Al principio pensé que me molestaba saberlo, pero no, no me creo importante, ni muchos indispensable.
Pero no puedo evitar que me duela.
Así que aquí estoy, tomándome un respiro, hasta estar segura de que podré mirarte a la cara fingiendo que tus comentarios no me han hecho daño, fingiendo que todo esta bien y preocupándome cada vez que te pase algo, aunque no me necesites ni pienses que puedes contar conmigo. Estar ahí para hacer todo lo que pueda por verte feliz aunque ni siquiera te des cuenta. Porque es lo que los amigos hacen, sin esperar nada a cambio. Ni siquiera el sentirse ignorados.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Te quiero Texe. Y se que puedo contar contigo.
Vuelve, por favor.
Publicar un comentario